Rumbear de noche, un desafío en Caracas

En una de las ciudades más peligrosas del mundo, los jóvenes caraqueños hacen milagros para poder distraerse. En Caracas, rumbear es un desafío por donde se vea. La inseguridad y los altos costos hacen que los jóvenes hagan menos vida social.

Cae la noche de un viernes en Caracas y es quincena. El resultado: locales cerrados o quebrados, calles oscuras y desoladas, los pocos negocios que quedan se encuentran vacíos.

Cada vez son más escasos también los bares, discotecas y tascas que abren sus puertas en las antes transitadas rutas nocturnas de El Rosal, Chacao y Las Mercedes.

Un país de contrastes. No es extraño ver decenas de escoltas fuera de los restaurantes, junto a camionetas blindadas. Mientras que, por otro lado, hay jóvenes que optan por ocupar la calle, en sectores de urbanizaciones como Los Cortijos, justo en la zona industrial. Allí en plena vía, colocan sus cavas con cervezas. Lo importante es distraerse.

En las discotecas los servicios se pagan en divisas y cuestan alrededor de 20 dólares. Por lo tanto si los  caraqueños quieren divertirse, primero deben pensar a dónde ir, hasta qué hora estar, cómo se trasladarán y cuánto dinero necesitarán, y si cuenta con las divisas que piden algunos locales.

Tampoco faltan los vendedores de perros calientes  y los «telocuido» protegiendo los carros.

Sin duda alguna, la «Caracas de noche», no es la cuidad que una vez fue, viva, iluminada y llena de juventud.

 

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