Relatos de una migrante venezolana: un tormentoso ataque de pánico

Foto: Referencial

El cuerpo humano es tan complejo, que muchas veces no sabemos controlarlo o no imaginamos como pueda reaccionar ante diferentes situaciones. Hoy les quiero hablar de un tema que ha sido difícil para mí, les quiero contar mi experiencia con los llamados ataques de pánico.

Por: Estrella Sierra

Un ataque de pánico se puede apoderar del cuerpo de una persona cuando está sometida a niveles altos de estrés, cuando se carga mucho de trabajo, preocupaciones, pensamientos, cuando se ancla a un pasado que no puede cambiar o cuando viaja al futuro que aún es incierto. Para cada persona es distinto.

Yo lo defino como uno de los peores momentos que se pueden vivir, cada episodio es peor que otro. Y lo digo de esa forma, porque cada uno de estos ataques era diferente, es como ver una novela, cada capítulo era o es distinto.

Hablo de una condición, porque es un sentir que te acompaña por días, semanas o incluso hasta años. Todo depende de cómo actúes ante ello. Hay personas que lo dejan así, que lo padecen y no buscan una solución al respecto, otras como en mi caso, buscamos a especialistas que tienen un «tercer ojo» y ven lo que tú en ese instante no puedes ver.

¿Cómo comenzó todo? Lo recuerdo como si fuese ayer. Quise y lo hice, ponerme al día con una famosa serie de zombies y como en toda producción te encariñas con alguno de sus personajes. Era de esas personas que quería ver las 10 temporadas el mismo día. Allí sometía mi mente a escenas espantosas, era ver la vida como un juego de azar, no sabía cuándo alguien podría morir. Todo era cuestión de suerte.

Me metí tanto en las escenas, que le daba «siguiente capítulo» cada vez que terminaba uno, podría darme la 1:00 de la madrugada viendo The Walking Dead.

Un 23 de diciembre, ya al final de la tarde, a uno de los personajes más importantes de la serie (a mi parecer) le quitaron la vida de un batazo en la cabeza y no solo eso, en la escena se pudo ver cómo quedó su cara, al tiempo que pronunciaba sus últimas palabras: un «te amo» para el gran amor de su vida. Ver eso y pausar la serie por unas cuantas semanas, fue lo mismo.

Ese día a mi novio lo llamaron muy tarde de Venezuela, siempre uno espera lo peor, un sentimiento de «peligro» con el que vivimos cuando estamos afuera. Gracias a Dios no fue nada, pero el simple hecho de escuchar el repique de su celular me puso nerviosa. Quise dormir y mutar todo lo que sentía pero fue peor. Comencé a sudar, sentía que me quedaba sin aire, el corazón comenzó a latir muy rápido, como un resorte me levanté de la cama y comencé a caminar en el «pequeño cuadro» donde vivía (apartamento tipo estudio donde lo único que tenía puerta era el baño. Le decía así cariñosamente).

Ese día comencé a padecer de insomnio, tenía que tener los ojos abiertos. Meditaba sin saber, veía caricaturas para distraer un poco mi mente. A mi me encanta ver películas de terror, pero no me explicaba cómo algo así podría significar tanto para mi salud mental.

Llegó el 24 de diciembre, ya había identificado esa escena que me había dado como un «ataque de pánico», sin embargo, lo quería tener oculto, como un tesoro solo mío y compartirlo solo para las pocas personas que me habían visto en esa situación: mi mamá y mi novio.

Ese día, esperando la llegada del niño Jesús, mi mamá sacó el tema a colación y los comentarios de las personas que me rodeaban no fueron muy positivos. Sentí y me dolió ser juzgada por algo que muchos ven como una «estupidez» cuando realmente es todo lo contrario. Cuánta gente he escuchado decir «pero por qué te estresas», lo único que me provoca es que existiera un botón de apagado para esos momentos.

El estrés o la ansiedad llega a cada individuo, como lo había dicho, de forma distinta. Algunos se les cae el cabello, otros no duermen, se comen las uñas o los cueritos que salen alrededor de las mismas, sufren del estómago y un sinfín de sintomalogías más.

Yo no podía dormir, sentía que me iba a volver loca. Así que comencé a buscar por Instagram algún centro para calmar ese desagradable malestar. Fui a un psiquiatra y me medicó. Ver escribir su receta fue una bofetada brusca en mi cara. Con eso que me mandaría ya iba a poder descansar y estar calmada durante el día. A mi juicio, solo me estaba poniendo una toallita de agua tibia al problema que tenía, no me estaba enseñando a que con eso se puede vivir, a controlar mis emociones, a no darle tanta importancia a las cosas, pasar la página, entre otras cosas.

Uno de los motivos de mis preocupaciones era el tema de mis papeles para estar legal en Chile, el doctor quiso ahondar sobre ese tema y me preguntó que cuánto tiempo hacía falta para llegar a estar en regla, yo le respondí en esa oportunidad que un mes aproximadamente era lo que necesitaba (y ese mes se convirtió en más de un año) y pues su prescripción fue por ese mes, ni más ni menos y entre sus recomendaciones estaba dejar de trabajar en el lugar en el que laboraba para aquel entonces.

Lo que me dijo el médico no me convenció. ¿Cómo dejar de trabajar por estar estresada?, ¿cómo me va a mandar pastillas porque le dije que en un mes saldría mi legalidad en el país? Yo que tengo poca experiencia en salud mental, sabía que eso no era lo correcto. Así que decidí avanzar de otra manera.

Los síntomas comenzaron a acrecentarse, ya no podía montarme en el metro, ascensor y no quería salir de la casa. Esas decisiones que yo estaba tomando sabía que no eran las correctas y hacían que me deprimiera cada día más. Mi mamá angustiada me decía que quería que fuese «la de antes».

Esa frase me perseguía y claro que quería ser la de siempre. Así que leía, investigaba y no llegaba a nada, mientras tanto, comenzaba a sentir más cosas: el brazo izquierdo me dolía, opresión en el pecho, hablar y sentir que estaba en una realidad paralela (que yo estaba allí pero mi alma se había salido). Era ver todo desde otra perspectiva, como ver un capítulo de la serie Stranger Things.

Salir a caminar no era para nada gratificante y el miedo se derivaba de acuerdo con la persona que estuviese. Si sentía que podía cargarme en caso de desmayarme estaba bien, de caso contrario mi mente se imaginaba muchas cosas, cosas que al final entendí que no son ciertas.

Cada vez que sentía esos ataques de pánico literalmente pensaba que iba a morir, sin embargo seguiré explicando en una segunda entrega, qué es lo que hay que hacer, a dónde acudir, qué escuchar, qué ver.

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