¡No joroben más! Es Maduro. No las sanciones

Se armó una periquera en Twitter este lunes 15 de julio a propósito de un artículo en The New York Times atribuido al economista venezolano Francisco Rodríguez, quien señala que las sanciones económicas al régimen que gobierna Venezuela podrían causar la primera hambruna en América Latina en más de un siglo. Lo zarandean el exministro Ricardo Hausmann y el economista Luis Oliveros.

Antes de que comenzaran a emitirse sanciones – que van de doble propósito: las que persiguen castigar las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y las que buscan contener la peor ola de corrupción que haya vivido este país – ya por nuestras fronteras, por vía aérea o a pata limpia, comenzaba el camino hacia el calvario del exilio de millares y millares de hermanos. Una de sus causas, el hambre.

Debemos sumar la destrucción del valor de trabajo que trae como consecuencia, hambre. Y añadamos la virulenta hiperinflación que viene a potenciar, el hambre. Y el hambre nos sensibiliza más a las enfermedades, y las enfermedades exacerbadas por mala nutrición y de paso en medio de una escasez sin precedente y la destrucción de las capacidades de atención hospitalaria, traen como resultado la muerte. Y lo peor de una hambruna, es que casi es sinónimo de muerte.

No es un trabalenguas lo que acabo de decir. Es la verdad. Y de allí que resulta casi despreciable ser más insistente en la idea de que no se sancione económicamente al régimen de Nicolás Maduro, que en el aporte de más contundentes ideas para sacar del poder a quienes son los únicos responsables de la hambruna, que no está por venir, sino que ha golpeado a nuestra Venezuela por lo menos desde 2016. Busquemos, si es que necesitamos una más fuerte, la opinión de Susana Raffalli, integrante de Caritas Internacional, quien entre sus más recientes artículos sobre el hambre y el éxodo de nuestros hermanos, titula que «Venezuela exporta migrantes con desnutrición aguda».

Este trabajo nos recuerda que «el deterioro económico de Venezuela ha sido catalogado por el Fondo Monetario Internacional como uno de los 20 desastres económicos mundiales. Hoy en día el país ha disminuido su producción de petróleo, la producción local de bienes esenciales y carece de capacidad en su agroindustria para satisfacer las demandas alimentarias de la población».

¡¡¡Caaray!!!  ¿Y ese vainón se lo vamos a achacar a las sanciones que justamente buscan presionar la salida de los culpables? Bueno, eso es lo que quieren Nicolás Maduro y sus atornillados en el gobierno. Hoy en día 63 de cada 100 habitantes de Venezuela busca en lugares inapropiados algo para comer y buena parte busca directo en la basura. El boletín de Caritas es preciso en la alarma de que 9 de cada 10 hogares venezolanos tiene una dieta deficiente.  Eso es hambre. Eso es propicio a la enfermedad. Eso es un boleto a la muerte.

En esta misma fecha estamos publicando el informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre el estado mundial de la seguridad alimentaria y la nutrición, y el dato sobre Venezuela, como para dejar la pendejada de seguir metiendo en competencia a las sanciones económicas con su consecuencia, es que en Venezuela cerca de 7 millones de personas no pueden alimentarse. Así no más.

Tuvimos en este período que mal llaman sus protagonistas Revolución Bolivariana, la más robusta riqueza petrolera. Mucho más de un millón de millones de dólares hasta los tiempos del paso forzado de bastón entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Se dilapidó de tal manera, que en medio de una discusión así, vale traerse al banquillo de los obligados a explicarlo todo, al exministro Jorge Giordanni, a la expresidenta del Banco Central de Venezuela, Edmée Betancourt, y sobre todo a cuantos se nuclearon en algo denominado Marea Socialista, quienes han llegado a sostener que el desfalco del régimen a todos los venezolanos debe haber superado los 400.000 millones de dólares. De aquellas siembras de vientos corruptos, estas tempestades de hambre.

Por eso, digo yo, no me joroben con eso de que vamos a evitar dolores a los venezolanos presionando para que no procedan las sanciones petroleras. Más bien que se grite a todo gañote, y que lo hagan todos los economistas también, que la continuidad de esta casta roja, corrupta, ineficiente, violenta e indolente, es el camino al hambre y a la muerte.

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